|
7 de enero de 2010
|
 |
Queridos amigos de Chile y de América latina,
Con mucha alegría nosotros, los hermanos de Taizé, queremos invitarles a un encuentro de jóvenes que tendrá lugar del 8 al 12 de diciembre en Santiago de Chile. Lo estamos preparando en estrecha colaboración con la pastoral juvenil de la Conferencia Episcopal de Chile y la Vicaría de la Esperanza Joven de la Arquidiócesis de Santiago. Este encuentro tendrá un rostro de reconciliación ya que participarán jóvenes cristianos de varias confesiones cristianas.
Esperamos que jóvenes de todo Chile y de otros países latinoamericanos puedan participar en este encuentro aprovechando así la ocasión para profundizar su compromiso de ser discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino y que puedan así renovar la alegría de seguir a Cristo.
Esta "peregrinación de confianza para una tierra de hermanos" será una etapa más de la peregrinación que reúne a jóvenes de todos los continentes en una misma búsqueda de paz y comunión. Cristo nos reúne en una sola comunión. La globalización, a pesar de todas sus ambigüedades, nos ofrece nuevas posibilidades de expresar la universalidad de esta comunión; ello nos dará un impulso para una nueva expresión de nuestra fe.
Todos nosotros sentimos que existe la necesidad de grandes cambios en nuestro mundo. Las estructuras de nuestras sociedades y los modelos de pensamiento de ayer se revelan como inadecuados e insuficientes para que las personas y los pueblos puedan vivir juntos en paz.
Pero también descubrimos que el cambio necesario no ocurrirá sin un cambio del corazón humano. ¿Cómo sentar las bases de un sistema más justo y humano mientras algunos continúan acumulando riquezas en prejuicio de los demás?
Quisiéramos que el encuentro de Santiago nos permita comenzar o profundizar dicho cambio de corazón.
En cada corazón humano hay una espera, una sed de vida en plenitud. Es la espera de ser amado y amar. Pero al mismo tiempo, todos hemos tenido la experiencia de que esa espera se colma raramente, y jamás de manera definitiva. Lejos de desanimarnos esto puede permitirnos descubrir una comunión personal con Dios.
El desarrollo económico, por importante que sea, no puede saciar nuestra sed más profunda. Esta sed abre nuestro corazón para que escuchemos la voz del Espíritu Santo que murmura día y noche en nosotros: «Eres amado para siempre y sin retorno; ni siquiera las pruebas de tu vida, por reales y muy duras que a veces sean, podrán borrar ese amor.»
Y he aquí que nuestro corazón cambia. Y no solamente nuestro corazón, sino también nuestra mirada, y nuestro comportamiento. Nos volvemos capaces de dialogar, de ir hacia los demás, de hacer de nuestra vida una peregrinación de confianza. Así contribuiremos como cristianos a marcar el rostro del mundo que ya está naciendo.
En la espera de encontrarles en Santiago les digo a cada uno y cada una de ustedes, queridos amigos de Chile y de América latina, lo mucho que en Taizé nos sentimos cerca de ustedes.
Hermano Alois
|